15 »Llegará el día cuando verán de lo que habló el profeta Daniel: el objeto sacrílego que causa profanación[a] de pie en el Lugar Santo. (Lector, ¡presta atención!).
MATEO 24:15
Estimado lector
A petición de sus discípulos, Jesús subió al Monte de los Olivos, donde promulgó un discurso íntimo, sobre las señales que anteceden a la destrucción del Templo, Su segunda venida y el fin del mundo.
Se refiere específicamente, a una señal conocida como “La abominación desoladora”, refiriéndose al anticristo demandando adoración del mundo entero, quebrantando el pacto que hará con Israel al comienzo de la Tribulación.
La abominación desoladora, se refiere a la máxima profanación del templo judío, estableciendo una imagen idólatra en el Lugar Santo, y trayendo como consecuencia, el juicio de Dios. Esta es la abominación, que produce desolación.
Esta señal se cumplirá, como toda la Palabra dada por Dios; pero, también hay abominación, cuando el Rey de reyes deja de ser Soberano en el corazón, y no ocupa el primer lugar dentro del Templo del Espíritu Santo.
Hoy, los afanes diarios, mantienen ocupadas a las personas; y, de forma casi inadvertida, el trono del corazón deja de ser ocupado por Dios, para darle paso a otras “prioridades” que, usurpando el lugar de Dios, no son diferentes a los ídolos.
Por eso es importante, seguir el ejemplo de David, que siendo rey, dijo:
“Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan.
Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna”. Salmos 139: 23-24.
¿Está ocupando Dios, el lugar que le corresponde en tu corazón?
Lleva la Palabra a tu día
Pregúntale al Señor cómo puedes vivir esto hoy: en tu trabajo, en tu familia, en tu forma de servir y amar.